ESTADOS UNIDOS, UNA SOCIEDAD DE ARMAS

Algo para pensar…

No todos los tiroteos en Estados Unidos han dominado los encabezados en los medios de comunicación, sería un texto repetitivo considerando que los hechos ocurridos en un supermercado de « Boulder, Colorado» el 22 de marzo representan el séptimo tiroteo masivo en tan solo 7 días. Lo cierto es que cada vez que esto sucede, se retoma la conversación sobre el uso y control de armas; que si la NRA, la Asociación Nacional del Rifle, debe continuar o no; que si el Gobierno debe firmar o no órdenes ejecutivas para controlar la compra y venta, etcétera.

Incluso hay quienes consideran que en vez de restringir el acceso a las armas sería mejor educarnos sobre su uso y consecuencias. Y aunque son argumentos muy viejos e idealizados, la realidad es que poco se hace y nada sucede.  Atlanta vió morir a ocho personas por un tiroteo el pasado 16 de marzo; al día siguiente, en  «Stockton, California» cinco personas fueron baleadas en plena vigilia, afortunadamente nadie murió.  El 18 de marzo en «Greshman, Oregon» cuatro víctimas de una balacera eran trasladadas a un hospital; como si fuera poco, dos días después en «Houston, Texas» cinco personas fueron impactadas por balas al interior de un club.

Es cierto que el control de armas debe mejorar en el país y no sólo eso,  también se deben aumentar y actualizar los programas enfocados a la salud mental. Estos claramente deben garantizar un fácil acceso para niños y jóvenes. Mientras tanto, los padres tenemos que poner de nuestra parte y hablar del peligro de las armas con nuestros hijos, así como de las consecuencias y las responsabilidades de tener una, si todo eso es cierto. Pero qué tal la industria del cine, los videojuegos, la música… 

Sin duda este es un problema de la sociedad actual que ha rebasado a las autoridades. Considero que todos compartimos la responsabilidad en este tema en algún punto, ¿todos Mirthala? Sí. Basta con mencionar las veces que  consumimos películas, series o programas donde las armas predominan y el sonido de las balas son absolutamente normalizadas por nosotros y hasta por los niños.

Sin querer, o queriendo, hacemos creer a nuestros hijos que tener un arma es bueno o “normal” en el momento en que les compramos réplicas casi exactas de juguete. No me malinterpreten, no estoy diciendo que no se las compren a los niños, pero qué tal si al comprarlos, aprovechamos para tener una conversación con ellos de lo que representa este artefacto en la vida real.  Quizás, la industria del cine y de la música deban cambiar la retórica de sus contenidos, no lo sé. Tampoco sé cual sea la solución inmediata a este problema, pero lo que sí sé es que desde casa podemos poner en marcha acciones que ayuden a evitar que nuestros hijos se conviertan en unos pistoleros.

Mirthala Salinas